Por María Esther Beltrán Martínez / Corresponsal
Coneme / MADRID, España.- El Museo Nacional del Prado, una de las pinacotecas más importantes del mundo, ha acaparado las miradas internacionales esta semana al presentar dos noticias. El Museo Nacional del Prado ha anunciado la culminación de uno de sus proyectos más ambiciosos de los últimos años: la restauración de Pablo de Valladolid, la obra maestra de Diego Velázquez que el pintor francés Édouard Manet calificó como «el cuadro más asombroso jamás pintado».
Y de la visita de Italia. El Museo del Prado expone “La Visitación de Pontormo”, una de las obras más enigmáticas y complejas del primer manierismo italiano.
Para el público que visita Madrid sabe que una de las paradas indispensables es el Prado, donde encontrará el legado de la pintura española e italiana que forma parte de la historia cultural internacional
Empecemos por el cuadro de “Pablo de Valladolid”, un retrato de un «hombre de placer» o bufón de la corte. La restauración de “Pablo de Valladolid” revela nuevos datos sobre el proceso creativo de Velázquez. El Prado ha finalizado la restauración de Pablo de Valladolid, una de las obras más admiradas de Diego Velázquez .
Voceros del museo explicaron que en el siglo XVIII, la escena fue ampliada mediante la adición de bandas de tela en ambos laterales y en el borde inferior, mientras que el borde superior se limitó a un desdoblamiento del perímetro claveteado al bastidor. A ello se sumaban repintes de intervenciones más recientes cuyos tonos, con el paso del tiempo, habían virado y afectaban al equilibrio cromático del conjunto”
Sobre la restauración actual – explican – ha tenido como uno de sus ejes principales la restitución de las dimensiones originales del lienzo. Para ello se ha optado por conservar las bandas añadidas, dado su interés histórico, ocultándolas bajo el nuevo marco mediante un sistema de cajeado interno. Esta solución no invasiva permite mostrar al público únicamente la superficie pintada por Velázquez, ofreciendo una visión muy cercana a la original.
La nueva radiografía realizada con equipos de última generación ha sido clave para establecer con precisión las dimensiones originales del retrato y analizar sus ampliaciones. Su estudio y tratamiento mediante el software Aracne han permitido determinar que las tres bandas cosidas al lienzo original proceden del mismo paño de tela y fueron añadidas en un único momento. La aplicación de técnicas avanzadas de reflectografía infrarroja ha ampliado de manera notable el conocimiento del proceso creativo de Velázquez.
Frente a los análisis previos, basados en una única longitud de onda, el uso de nuevas cámaras ha permitido estudiar más de una docena de rangos y ha revelado un dibujo subyacente realizado a pincel y a mano alzada, de gran espontaneidad y calidad, con múltiples correcciones y ajustes compositivos.
Estas técnicas han resultado igualmente fundamentales para la detección de repintes poniendo de manifiesto una reflectancia idéntica entre la pintura de los añadidos no originales y numerosos retoques presentes en la superficie original, que han sido eliminados durante la restauración.
Asimismo, la intervención ha permitido revisar los estudios de pigmentos realizados con anterioridad y confirmar que la imprimación del lienzo es muy clara y está compuesta mayoritariamente por blanco de plomo, una característica propia de este 2 momento en la carrera de Velázquez, especialmente evidente en las obras realizadas para el Palacio del Buen Retiro.
El estudio de los pigmentos ha aportado también información relevante sobre los intensos negros del traje del bufón, obtenidos mediante una combinación de negro de humo y negro carbón, ambos de tonalidad azulada.
Mientras el cuadro de Velázquez recuperaba su forma, llegaba desde un pequeño pueblo de la Toscana (Italia) una obra que es considerada un «unicornio» del arte: La Visitación de Jacopo Carucci, Pontormo (1494–1557), pintada hacia 1528 y prestada excepcionalmente por la iglesia parroquial de San Michele Arcangelo de Carmignano (Prato), Diócesis de Pistoia.
Colores y emociones: A diferencia de las pinturas clásicas que buscan el realismo total, esta obra de 1528 utiliza colores vibrantes y figuras que parecen bailar en una coreografía emocional. Es lo que los expertos llaman «Manierismo», pero para los visitantes que no son especialistas nosotros es, simplemente, una pintura que parece adelantada a su tiempo por su expresividad.
Esta obra vive normalmente en una parroquia de Italia y casi nunca viaja. Debido a que su iglesia está en remodelación, el Prado logró traerla en un intercambio histórico. Como gesto de amistad, España enviará a Italia una obra de Rafael, demostrando que el arte es un puente que une naciones, especialmente ahora que la ciudad italiana de L’Aquila celebra ser la Capital de la Cultura tras recuperarse del terremoto de 2009.
Podrá contemplarse en la sala 49 del edificio Villanueva hasta el 18 de junio de 2026
