Foto: Roberto Silva

Por Mayra Boleaga

Coneme / Hay conciertos… y hay experiencias que marcan el alma. Esta noche, el Auditorio Nacional-ese recinto que ha tenido presencia de grandes artistas- se transforma en un portal sonoro para recibir a Pulse of the moon: Pink Floyd Sinfónico Vol. II, un espectáculo que no solo rinde tributo a una de las bandas legendarias de todos los tiempos, sino que la revive con una intensidad profundamente conmovedora.

La agrupación Pulse of the Moon alcanza un momento cumbre: cumplir el sueño de
presentarse en el recinto más importante de Latinoamérica. Y no es solo un logro para ellos, sino para cada persona que ha crecido, sanado y soñado con la música de Pink Floyd.

Inicio en punto de las 8:30 horas, desde que las luces comienzan a desvanecerse, el
ambiente se llena de emoción. Una energía colectiva recorre cada butaca, familias
presentes de todas las edades, jóvenes y adultos, un público como si supiera que está a
punto de presenciar algo más grande que un concierto.

Las primeras notas no solo se escuchan: se sienten. Aperturando con Maroneed, del álbum The Division Bell, dando vidacon la majestuosidad de una orquesta sinfónica que crea una atmósfera envolvente.

Pulse of the moon: Pink Floyd Sinfónico Vol. II, en conjunto con La Vórtice Orquesta
encabezado por el director Felipe Perez Santiago, refleja evolución. Es la confirmación de que la música de Pink Floyd trasciende generaciones, idiomas y escenarios. Se refleja que, cada arreglo ha sido cuidadosamente construido para respetar la esencia original, pero también para expandirse hacia nuevas dimensiones sonoras que estremecen. La puesta en escenario estremeció, por mencionar algunas canciones como: “Welcome to the Machine”, “Time”,“Money” y “Another Brick in the Wall: donde todos eran un solo eco.

Sin embargo, lo que realmente hace especial esta noche no está únicamente en el
escenario. Está en la emoción compartida. En quienes cerraron los ojos para soñar,
aquellos que se enamoraron, quienes cantaron, tarareaban, como si cada palabra fuera
propia. En quienes, por un instante, olvidaron todo lo demás.

La banda lo dijo claro desde el inicio: “Este show es y será para todos ustedes”. Y se siente en cada acorde, en cada silencio, en cada aplauso. Daba cierre el escenario con “Shine On You Crazy Diamond”, con un suspiro el público aclamaba: ¡otra¡, ¡otra!, y de pronto apareció “ Wish You Were Here” dando creación a una imagen de un público como si fuera un universo con estrellas resplandeciendo al máximo.

Cuando se pensaba que todo había culminado apareció inesperadamente “Comfortably
Numb” recordando y llenando de esperanza al público.

Esta no es solo una nota. Es el testimonio de una noche donde la música de Pink Floyd
volvió a recordarnos por qué sigue siendo la música un lenguaje de sentimiento más
poderoso que existe.Hay sonidos que se escuchan…y otros, como los de Pink Floyd, que
se quedan en las entrañas muy profundo en nosotros.