Esténtor Político

Por Miguel Ángel Casique Olivos

Coneme / ¿Quién es el verdadero culpable de la violencia que vive el país?

En los días y semanas que corren la violencia en Guanajuato, Morelos, Jalisco y Zacatecas se ha desatado; el último hecho espeluznante fue que en el municipio de Ciudad Cuauhtémoc, Zacatecas, aparecieron 10 cuerpos, nueve de los cuales se encontraron colgados en un puente vehicular y uno quedó en el piso, y aunque ya el mandatario estatal David Monreal (morenista por cierto), sustituyó a su Secretario de Seguridad y puso en su lugar a Arturo López Bazán, un general retirado, lo cierto es que esta acción no va al fondo del problema, como tampoco nunca ha ido la «estrategia” del gobierno Federal.

Los datos sobre la inseguridad y violencia en México se los debemos a la errónea y fallida «estrategia» del presidente López Obrador, táctica que desde el 2018 ha bautizado como de «abrazos no balazos», misma que no ataca la grave y crítica situación y sí ha sido una especie de humus para que el crimen creciera y se desarrollara a sus anchas en prácticamente todo el territorio nacional.

Eso sí, Obrador, Morena y la 4T han preferido la persecución de periodistas, medios de comunicación, organizaciones sociales, líderes sociales, políticos, maestros, médicos, etc., a quienes considera erróneamente sus enemigos; por otro lado, a los criminales y grupos delictivos, como si AMLO fuera la mamá de ellos, nomás les da consejos y los invita a «portarse bien», pero no les toca ni un pelo, prefiere, incluso, aplicar la política de no los veo, no los oigo y no les hablo, tal como si dijera, tienen el campo libre para ustedes.

En México se incrementa la pobreza y la marginación, aunado a ello crece la violencia y la inseguridad y AMLO insiste en no perseguir y castigar a los criminales; por esa razón las cifras de homicidios dolosos en lo que va del gobierno federal ya llegó a los 105 mil 324 (cifra al viernes 19 de noviembre), alrededor de 36 mil por mes, un promedio diario de 3 mil y 125 homicidios cada hora. Las calles de las ciudades simplemente se están pintando de rojo y no hay autoridad, de ningún nivel, que esté haciendo algo, en serio, para detener esta problemática.

La cifra de 105 mil homicidios es tan aterradora que cuando la comparamos con los primeros 35 meses de gobierno de cinco administraciones anteriores todas se quedan muy atrás con respecto a la administración morenista, esta que prometió ser la de la Cuarta Transformación. En retrospectiva, con Enrique Peña había 62 mil 145 homicidios dolosos; con Felipe Calderón, 39 mil 672; con Vicente Fox, 40 mil 563; con Ernesto Zedillo, 42 mil 553 y con Carlos Salinas 27 mil 095; la cifra de este gobierno morenista casi suma lo de cuatro administraciones anteriores.

Pero también, por sí sola la cifra de 105 mil 324 es superior a los 76 mil 767 que tuvo todo el sexenio de Carlos Salinas, de todo el gobierno que tuvo Ernesto Zedillo que fue de 80 mil 671 homicidios y de toda la administración de Vicente Fox que fue de 60 mil 280. ¿Qué podrán decir AMLO y Morena ante estas cifras? ¿Seguirán diciendo que son el cambio y que el país va muy bien o requetebién?

AMLO dice que la gente está feliz, feliz, feliz. En su contrario están los datos y los análisis de economistas, políticos, periodistas, sociólogos y expertos de organizaciones de México y del mundo que dicen que el país se cae a pedazos, con un aumento crítico de la pobreza, sin empleo, sin ayuda a la salud y con una economía que está por el subsuelo casi al borde de una catástrofe; un panorama distinto que se apega a la realidad y a la vida cotidiana de la gente, una versión totalmente distinta a la del gobierno Federal y de Obrador, pero más certera y muy evidente que no sale de las ideas besugas de un lunático con poder.

La violencia desatada en nuestros días tiene su origen en la miseria y pobreza de México; y también, en este sexenio, está creciendo al amparo de un gobierno morenista que no entiende que la «estrategia» de «abrazos no balazos» no funciona y sólo hace que el crimen se envalentone más y gane terreno en todas las entidades del país. Hacer que renuncie un secretario de seguridad no solucionará nada, tampoco darles consejos a los grandes delincuentes y sólo servirá para burlarse del presidente.

Si AMLO y el actual gobierno, que ya va a la mitad del río, no cambian su política económica, su política social y su política contra la violencia e inseguridad para enderezar al país, ya es hora de que vayan pensando en renunciar y de darse cuenta que el pueblo va a despertar y ya será demasiado tarde para salvar a su partido y salvarse a él como “gran político” (sic) que trajo la salvación para México. Nomás, entonces, es cuestión de tiempo. Por el momento, querido lector, es todo.

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